MUNDO EMOCIONAL

MUNDO EMOCIONAL

La hipersensibilidad, con la que se identifica a la mayoría de los niños con altas capacidades, es causa y consecuencia de muchas situaciones y sentimientos. Este alto grado de sensibilidad crea grandes frustraciones cuando no consiguen sus objetivos (intolerancia al fracaso) y emociones intensas ante conflictos importantes a sus ojos.

 

Mantienen un profundo juicio moral, su sentido de la justicia es implacable y no consienten que exista injusticia a su alrededor… siempre bajo su punto de vista, que suele ser acertado. Hay quienes se involucran tanto de forma emocional en las injusticias ajenas, que sufren incluso más que el propio afectado. Y esto lo digo por experiencias propias vividas en el aula.

Su autocrítica implacable, las continuas sensaciones de inadaptación al entorno, la ausencia de comprensión entre sus iguales, las falsas expectativas de otros… hacen muy difícil el paso de un alumno superdotado por la escuela y, en concreto, por su infancia y adolescencia.

 

A menudo, los propios niños con altas capacidades, tienen cierta confusión acerca de “lo que les pasa”, pues saben que algo “no es normal” (uf, “normal”, qué palabra tan usada en contextos incompatibles). Algunos saben de sus altas capacidades desde que poseen uso de razón, o así mismo lo cuentan. Otros necesitan que sean sus padres quienes se lo expliquen y, en una minoría, algún maestro u otro profesional, previa petición y/o autorización.

 

En este punto, se ha de citar, la teoría del conocimiento y desconocimiento como causa de, incluso, enfermedades físicas reales. La somatización llega a un punto tan extremo que, afirman algunos autores e investigadores, desembocan en muchas ocasiones en enfermedades graves, habitualmente, crónicas. Ese desconocimiento de “qué les pasa” cuando son más pequeños, les lleva inevitablemente a una situación de fracaso emocional y salud deteriorada.

 

Es claramente importante velar por la propia percepción de los sentimientos en los alumnos superdotados, atender a sus necesidades y comprobar que ningún estado físico es consecuencia de un episodio emocional.


No parecía que al llegar a los 10 años fuera a llorar tanto. Todo le duele, y no hablo de dolor físico. Da igual si el tema va con ella o es totalmente ajeno, si existe algún mínimo atisbo de injusticia, sufre.

 

Llamémosla Sonia. Sonia es una niña ejemplar, todo en ella es envidiable (cosa de la que tardó en darse cuenta) y, aunque se percate de ello, jamás alardea. Sus resultados académicos son muy altos, es una gran alumna, es educada, sencilla, solidaria… Pero hay una cosa que no es aún: Sonia no es feliz.

 

Sus padres no entienden qué le ocurre a su hija. No encuentra su sitio, no cree poder tener amigas (sobre todo, habla de amigas en femenino… con amigos, en masculino, no tiene tantos problemas). Busca amigas constantemente, sin embargo, la palabra “amiga” para ella tiene todo el significado que pueda tener y espera aquello que supone deben hacer todos los amigos; lo mismo que ella da, espera poder recibir… y la realidad con la que se tropieza es muy diferente. Tampoco encuentra conversaciones “a su nivel”, por lo que mantener un diálogo fructífero es difícil. Es muy buena deportista y “todo se le da bien”.

 

Estando en 4º de primaria entró en una fase de rebeldía académica, proponiéndose no hacer jamás la tarea ni hacer ningún trabajo que mandaran los profesores, porque, al fin y al cabo, nunca la elegían, ya que, dicho por ella misma: “Me decían: tú lo tendrás bien… tú seguro que sí lo has hecho… elijo a quien yo crea que no lo sabe para ayudarle… ¡Pues ya no hago nada, total, qué más da!…” No obstante, su responsabilidad era tal, que fue incapaz de cumplir esa amenaza.

 

En 6º de primaria se convence de que no va a encontrar en el colegio grupo de amigas, así que disfrutará del aula, compartirá con sus compañeros las clases, se relacionará con ellos de forma amigable… pero amigos amigos, sabe que no va a encontrar, o al menos, dejará de buscarlos. Si llegan, bienvenidos sean. Así, dice, estará más tranquila y será más feliz.


RECONOCIMIENTOS – PREMIOS

NOMINADA a los PREMIOS EDUCA ABANCA a MEJOR DOCENTE DE ESPAÑA 2018

 

3ª Edición PREMIOS EDUCATIVIDAD de SANTILLANA – Premio al Mejor Proyecto en Primaria (2018)

 

XXXII Premio FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS a la Mejora de la Calidad Educativa (2017)

 

I Premio a la EXCELENCIA EDUCATIVA para los SUPERDOTADOS (2014)