LA ROSA

QUE PODÍA CAMINAR

La rosa que podía caminar

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No parecía que al llegar a los 10 años fuera a llorar tanto. Todo le dolía, y no hablo de dolor físico. Daba igual si el tema iba con ella o era totalmente ajeno, si existía algún mínimo atisbo de injusticia, sufría.

Nadia era una niña ejemplar, todo en ella era envidiable, cosa de la que tardó en darse cuenta y, aunque se percatara de ello, jamás alardeó. Sus resultados académicos eran altos, los profesores la consideraban una gran alumna, era educada, sencilla, solidaria… Pero había una cosa que no era: Nadia no era feliz.

Sus padres no entendían lo que a su hija le pasaba.

Entonces, escuchó un cuento:


Érase una vez una rosa que podía caminar. Esta rosa era la envidia de todas las demás. Podía visitar otras tierras, podía acercarse a otras flores y podía, igualmente, seguir alimentándose de la tierra. Ella no había elegido caminar, simplemente había nacido así.


A aquella rosa le gustaba mucho acercarse a los claveles, eran flores que le parecían también interesantes y el mundo en que se movían le sentaba bien. Pero no era aceptada aquella actitud por las demás rosas, cosa que tampoco entendía.Ella no hacía distinciones.


Cuando la rosa que sabía caminar salía a pasear, tenía que atravesar el rosal. Esto le resultaba complicado y doloroso. Sus compañeras, ya sea por envidia, por desconocimiento o involuntariamente, quizás, la pinchaban a su paso. La rosa que sabía caminar también tenía espinas, pero no las usaba nunca, es más, a veces le pesaban. A su marcha, las demás aprovechaban cualquier mota de brisa o toque de insecto para lanzarse contra ella y punzarla. Tampoco alcanzaba a comprender esto la rosa que sabía caminar.

Ella podía traerles agua cuando ésta escaseara, ella podía proporcionarles sombra si el sol era demasiado fuerte y las quemaba, ella podía pasar mensajes entre flores alejadas… pero nadie se dio cuenta de ello o les daba igual.

 

– Quizás -pensaba -como aún no han necesitado agua, no se han dado cuenta de que puedo ser útil y no es tan malo que yo pueda caminar.

 

La rosa que sabía caminar no encontraba su sitio. Aspiraba a entablar amistad con alguna otra rosa de su entorno, pero no encajaba. Las demás no concebían la razón de por qué caminaba y, mucho menos, por qué le gustaba salir a corretear. Ellas creían que una buena rosa se quedaba con el resto para hacer del rosal un jardín mucho más esplendoroso y creían que era prepotente caminar si las demás no podían. Nuestra rosa veía mucho más allá. Ella quería que la conocieran, pero se quedaban con las apariencias.

Y llegó el día en que, después de circular por otras tierras, conociendo otras regiones, creando nuevos paisajes… llegó a casa y su sitio estaba ocupado.

-¿Qué ha pasado? ¿Por qué habéis ocupado mi lugar?

Necesitaba contactar con la tierra pero le habían prohibido colocarse en su sitio, decían que si sabía caminar, que buscara otro sitio mejor para ella.

Entonces, la rosa se sintió desolada, rechazada y hundida.

– Si sabes caminar, no necesitas la tierra para alimentarte- le repetían una y otra vez.
– Si sabes caminar, podrás irte a vivir con los claveles, o los lirios, o puedes buscarte un hueco entre las rocas. Ya que sabes caminar, podrás vivir en cualquier parte –le seguían diciendo.
– Pero, ¿qué relación le veis a caminar con vivir entre las piedras? ¿qué tiene que ver caminar con estar en casa?–se esforzaba por explicar.

Ya dudaba si caminar era algo malo o algo bueno. No sabía si quedarse quieta, aunque tuviera el don del movimiento, para así ser aceptada por las demás, o salir a buscar caminos y rosas más dinámicos que la aceptaran tal cual.

Decidió deambular y su pensamiento se puso en marcha de nuevo. Pensó que todo no podía ser así, que en algún lugar existiría un jardín donde ser aceptada, incluida, sin envidias, sin condiciones… dejándola estar, dejándola ser.



Y, colorín colorado…
Ya toca en este momento
Si un relato inacabado
No deriva en un tormento
Si demandas un final
No te vayas del asiento
Sé tú mismo quien decida
Desenlace para el cuento


Si quieres un final sin más, VE AL FINAL Nº 1
Si quieres un final feliz, VE AL FINAL Nº 2
Si quieres un final de cuento… VE AL FINAL Nº 3 (es mi preferido 😉)

O… INVENTA TU FINAL




FINAL Nº 1


Al cabo de unos kilómetros, la rosa encontró un rosal en el que ¡todas las rosas podían caminar! Excepto una. Y allí, sola, triste, incomprendida, se encontraba la rosa perenne. Las demás le incitaban a salir de la tierra, a despegar sus raíces y caminar como ellas… La consideraban torpe, cobarde y aburrida… y nadie le hacía compañía. Pero, esta rosa perenne insistía en que era incapaz, en que si salía de la tierra, moría y allí quería ser feliz. Entonces, nuestra rosa, la protagonista de la historia, la rosa que sabía caminar, enterró sus raíces junto a ella y decidió quedarse para siempre.



FINAL Nº 2


Al cabo de unos kilómetros recorridos, la rosa encontró un rosal del que nadie le había hablado pero que existe. De ese rosal brotan rosas blancas, rojas, amarillas e, incluso negras. Y lo mejor no son los colores, lo mejor es que también hay rosas que caminan, y rosas perennes, todas conviven sin juzgar, con total normalidad, en armonía. Trabajan juntas para hacer del jardín un lugar mejor. Ahora, nuestra rosa, está segura de que caminar no es algo malo.
Permanecerá allí durante un tiempo y, si todo va bien, será, por fin, con orgullo, la rosa que quiere y puede ser.



FINAL Nº 3


Hasta que una tarde, justo en el último beso del sol con el horizonte, un hada se cruzó en su camino.
Dime, ¿quién eres?
Soy una rosa que puede caminar, pero camino sola.
Pues, a partir de ahora, caminarás conmigo… ¿quieres acompañarme?
Y, desde entonces, la rosa camina con el hada ayudando a las personas a descubrir que la belleza está en el interior y los hace felices. Dicen que su primer destino estuvo en un castillo… con una Bestia…



INVENTA TU FINAL

 

 

 

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