EFECTO PIGMALIÓN

EFECTO PIGMALIÓN

EFECTO PIGMALIÓN

En muy resumidas palabras, diré que la historia cuenta que Pigmalión era un escultor griego cuyas manos moldearon una escultura femenina. Dice la leyenda que, resultó ser una estatua tan hermosa, que Pigmalión se enamoró de ella, de tal modo, que deseaba convertirla en su esposa. Tal era el fervor de este deseo, que la diosa Afrodita convirtió esta estatua en una mujer verdadera de carne y hueso.

 

Esta leyenda ha dado lugar, al cabo del tiempo, al conocido efecto Pigmalión. Este efecto explica cómo la creencia que tiene una persona sobre otra influye en la segunda, de tal modo, que la hace actuar de esa forma. Es decir, las expectativas que una persona manifieste sobre otra es directamente proporcional a la respuesta de esta otra.

 

En el ámbito educativo, los profesores poseemos “un gran poder” en cuanto al efecto Pigmalión se refiere. Los alumnos lo captan todo, lo sienten todo, y son niños, por tanto, todo les influye y les afecta. Si un profesor manifiesta desconfianza, rechazo, apatía… frente a un alumno, éste actuará como el profesor espera que actúe. Si el maestro espera que no se sepa la lección, el alumno no se la sabrá. Efecto Pigmalión.

 

Pero, el efecto Pigmalión podemos usarlo en favor del estudiante. Por el contrario, a lo anteriormente descrito, si un profesor manifiesta su confianza, aceptación, traslada su capacidad de logro, su ánimo y motivación a un escolar… el alumno así responderá, llegando al éxito académico y, lo que es mucho mejor, al éxito emocional. Los alumnos captan la actitud del profesor hacia ellos y pueden llegar a actuar en consecuencia. Es posible que sean protagonistas de un gran fracaso escolar, resultado del abandono y desmotivación. O, por el contrario, pueden beneficiarse de la confianza depositada en ellos y de esa manera llegar al éxito. La hipersensibilidad que les caracteriza juega un papel importante en el efecto Pigmalión para con los alumnos superdotados.

Muchos estudios avalan estas teorías y más son las experiencias vividas. En concreto, por nombrar el que quizás dio nombre a este efecto, destacaremos el estudio realizado en una escuela californiana por Rosenthal y Jacobson, cuyos resultados fueron publicados en 1968. El experimento consistió en hacer creer a unos profesores que unos determinados estudiantes (elegidos al azar por los investigadores) contaban con una gran puntuación en tests de inteligencia y se encontraban en un período de crecimiento intelectual importante. Los resultados evidenciaban que el comportamiento que habían adoptado los profesores con estos alumnos y las expectativas puestas en ellos fueron la principal causa para que sus calificaciones, en las evaluaciones realizadas al cabo de unos meses, fueran mucho más superiores de las esperadas. Ver más en “Pygmalion in the classroom” de Robert Rosenthal y Lenore Jacobson.

 

Y lo mismo puede pasar en la familia. Las expectativas que unos padres depositen en sus hijos pueden abocar a éste al éxito o al fracaso. Por ejemplo, según lo que digamos en situaciones idénticas, el resultado puede cambiar radicalmente. Puede que una sola vez no pase nada, pero si ocurre de forma habitual, en repetidas ocasiones, todo se graba y moldea.

 

Pensemos en un momento simple y común: Hay un vaso de cristal con agua para llevar de una mesa a otra. Tu hijo tiene 5 años. El efecto causado en el niño no es el mismo según las palabras que emitas:

 

Expresión 1: “No cojas tú el vaso, que lo vas a tirar, se te va a caer.”

 

Expresión 2: “Coge el vaso con las dos manos, estoy segura de que puedes llevarlo a la otra mesa.”

 

Ya sabes… somos escultores, como Pigmalión… 😉

RECONOCIMIENTOS – PREMIOS

NOMINADA a los PREMIOS EDUCA ABANCA a MEJOR DOCENTE DE ESPAÑA 2018

 

3ª Edición PREMIOS EDUCATIVIDAD de SANTILLANA – Premio al Mejor Proyecto en Primaria (2018)

 

XXXII Premio FRANCISCO GINER DE LOS RÍOS a la Mejora de la Calidad Educativa (2017)

 

I Premio a la EXCELENCIA EDUCATIVA para los SUPERDOTADOS (2014)


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